Vivimos flotando, deslizándonos en las corrientes de aire que a todos enferma. En pestañeos erróneos.
Sobajéandonos con los roces de
desconocidos, que chocas pero no miras. Hay miedo de mirar hacia adelante, de adelantar el reloj, de poner la alarma que nos despertará al siguiente día, pero mas bien, de vernos en unos cuantos años más, olvidando pensar que puedo desaparecer en la siguiente calle que vaya a cruzar. Espero de la vida cosas terriblemente sencillas,
sinsentido, banales,
superficiales, que me llenen de angustia para escribir en la soledad de un departamento, mil intentos de literatura que nunca llegarán a una conclusión. Hacer unas cuantas canciones, tomar unas cuantas fotografías con las que unas cuantas personas al verlas, sepan vomitar todas sus tristezas o reír todas las ironías que guardamos. A fin de mes espero tener las sobras de un malgastado y diminuto sueldo que nunca fue fijo. Tener sábanas blancas y unas cortinas bonitas. Ir al campo a tirarme a ver el cielo y atrapar saltamontes que con sus saltos me hagan ver que he dado muchos pasos en falso y pocos saltos (o quizás ninguno). Es que esas cosas dicen las líneas de mi mano. Intentar luchar por mi futuro es intentar cambiar mi
personalidad, la
personalidad que viene escrita en mi genotipo. Y
así está bien, entremedio de las lágrimas siempre habrá colores, y lo mas
bacán, siempre habrá inspiración, música, partituras, cámaras, cine, salidas, ropa linda.